Me gustaría que hubieses tenido al menos
la decencia de decirme en la cara que ya no me querías
o quizá la indecencia de brindar por el recuerdo
y pedirme, al menos, un beso de despedida.
Todo lo cierto que escondes entre tanta mentira
todo el engaño posible camuflado en tu boca
la increíble rapidez con la que ahora olvidas
la certeza con la que al parecer te equivocas.
Pero no importa esto, vete ya con tus caderas
vaya falta le harán a mis manos, como a mi boca tu sonrisa
igual vete, ya no es más cuando tú quieras
que me pusiste el pantalón y al revés la camisa.
Al menos ten la decencia de, sólo esto le pido
a tu memoria que ya peca de muerta
a la siesta errante de tus descuidos,
cierra, pero no tires la puerta.
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