Sostenías la luna con hilo dorado
daba tumbos entre tus pasos y la gravedad
tarareabas una canción que habías inventado
sobre un señor que infló la luna y te la quiso regalar.
Venías arrancando flores con tus pasos
habías estado decapitando planetas
dejabas un rastro de huellas de barro
polvo estelar y sangre de cometas.
Yo trataba de ver más allá, de ver más acá
porque no te hallaba en el lado bronceado de la luna
cansado de ir gritando -hey, ¿dónde estás?-
encerrado, como un niño abandonado en su cuna.
Te encontré en la sala, entre el sillón y el florero
tomaste mi mano y a la luna la dejaste ir
estuvimos mirándola buscar encajar en el cielo
hasta que el sol de tus ojos nos envió a dormir.
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