Entre el conocimiento y la ignorancia prefiero la locura

viernes, 14 de octubre de 2011

Reinos vitales

Princesa de los momentos
que se esconden en citas secretas
princesa es un monumento
vestido sólo con mi camiseta.

Princesa de las noches ruidosas
de cielo con luna y estrellado
princesa de atardecer que planea cosas
y amanecer de cuerpos enredados.

Princesa de los besos en la boca
que se dan tan lento como rápido 
que desatan las miradas que provocan 
que hacen de la boca un templo mágico.

Princesa de los ojos de la vida
que le restan importancia al mañana
esconde un callejón sin salida
tras esa mirada castaña.

Ser o estar

Habitar en la simplicidad
en la complicidad, pero en tu cuerpo
en las definiciones de la felicidad
en lo implícito y lo explícito de tus recuerdos.

Venir del frío nocturno a tu fiebre
de la curiosidad de mis dedos a tu piel
del calor que se gana, del que se pierde
del que nos abrazamos para mantener.

Dormir en tus ojos cerrados
vivir cuando sueñas conmigo
morir sintiendo tu vida a mi lado
despertarme con tus estirones matutinos.

Ser la humedad que arrastra tu aliento
perfumarme con la fragancia de tu respiración
ser el antojo de tus besos ambrientos
ser en tu lengua un nuevo sabor.

Ser la vitalidad, la mortalidad,
la natalidad, pero ser
vivir por la causa de tu libertad
morir en el cumplimiento del deber.

Cama dentro del Sol

Ardiendo al ritmo de un tango siniestro
ajenos a la oscuridad pero igualmente ciegos
un sueño, un nirvana, un secuestro
demasiado sudor atizando el fuego.

Un horno colosal para un herrero divino
que a martillazos en la cama nos vuelve aleación
ardiendo horas extra en horario vespertino
para fundir un sólo cuerpo, alma, cama, corazón.

Una cama en el Sol encontrada y perdida
dos cuerpos incendiando un colchón y el cielo
podría ser esta o en la que sueles caer dormida
incendiémoslo todo entre tú, yo y el suelo.

Sangre de cometas

Sostenías la luna con hilo dorado
daba tumbos entre tus pasos y la gravedad
tarareabas una canción que habías inventado
sobre un señor que infló la luna y te la quiso regalar.

Venías arrancando flores con tus pasos
habías estado decapitando planetas
dejabas un rastro de huellas de barro
polvo estelar y sangre de cometas.

Yo trataba de ver más allá, de ver más acá
porque no te hallaba en el lado bronceado de la luna
cansado de ir gritando -hey, ¿dónde estás?-
encerrado, como un niño abandonado en su cuna.

Te encontré en la sala, entre el sillón y el florero
tomaste mi mano y a la luna la dejaste ir
estuvimos mirándola buscar encajar en el cielo
hasta que el sol de tus ojos nos envió a dormir.

Pelo sintético

Pelucas de quinceañeras que se quejan de la vida
la inocencia de algún preso que sufre de amor
la cerveza del verano harto del calor
callejones que mueren de buscar una salida.

Barbies patentadas por el chulo de siempre
peluches que te piden con los ojos cocaína
niñas que adelgazan en tributo a su heroína
putas que perciben el asco de la gente.

Noches que aún huelen a ella
lo húmedo de unas sábanas manchadas de sudor
el catálogo de ojos que no ofrece ese color
las frías cinturas que ofrecen las botellas.