A la soledad amarga como el mal vino
y sus dotes de tristeza y frío
y a la ineficacia de sus abrigos
y al eco sólo de lo que digo.
A la otra, de cuentos silenciosos
y a la dulce dicha de poder oírnos
a los vecinos que viven solos
y sus dotes para el secretismo
A los ojos que se sienten tan solos y juntos
al llanto de las viudas y el pésame de sus amantes
al mundo que nos comienza a quedar pequeño
y a los libros hartos de compartir estante.
A la pierna que no se roza por la mañana
al placer de un café y un cigarrillo
a la feliz pareja que se divorcia
y al indeciso intercambio de anillos.
Al zapato que perdió su par
a las medias incompatibles que visto
al auto bus, al taxi y a la bicicleta
al gusto de recordar que yo también existo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario