¡Qué curvas!
extremo e insensato paganismo
caía miel de tu frente y, vibrante,
tu boca rezaba y rezaba lo mismo.
Febril luz que te iluminó la espalda
y hasta tus piernas, tu pelo y el resto
conservo esa imagen en pixeles,
su negativo, en mis sentimientos.
Tu belleza escurría por allí como agua
y se arremolinaba al fin, se arremolinaba
como dos puntos suspensivos de tu cuerpo
como los ojos de la otra cara del alma.
Me matabas, me matabas y me gustó
allí, tuyo y tú mía y la vida nuestra y nos gustaba
te mataba, te mataba y te gustó
y nuestras vidas eran una y la muerte nada.
Tenía tus dos pieles a mi lado y tu ropa
tu querer se desnudó sin palabras de convencer
sólo con las mías, desnudas también
y con mis manos te quité el ego que yo mismo te compré.
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