Niña a veces quisiera no ser villano
en este mundo cómic de super héroes
y heroínas tan hermosas como tú
y barrios escarlata que ladran y muerden.
Esta acuarela de bajo presupuesto
que sobre el lienzo de alguna noche pintó el buen pintor
con la misma sangre que firmó su obra
con el mismo rojo se excita al amor.
Se quedarían cortas la luz y la retina
y la misma mísera vida en colorear tus labios
sólo y quizá con el consentimiento de tus mejillas
pueda el rubor de algún susurro que te cuenten mis manos.
Vaya, vaya, los lacitos en tus bragas
hasta los más pequeños, esos mejor
morados, rosados, verdes pero los rojos
como saliva brillando en tu boca, vaya satín provocador.
Sangre que nos calienta los besos
y los tiñe, como las rosas de cupido
como las pieles de los amantes y los chocolates
como el encaje más escueto de los sueños prohibidos.
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