La flacidez de un mundo tan en forma
el beso irónico de un elevador
los sueños fuera de borda de un bote con termitas
la esperanza del esperma que quiso ser mejor.
La emoción de ser y no saber que fuiste
el alma sonámbula de algún dictador
la ropa en tu armario de quien nunca te quiso
los mejores deseos de quien no te conoció.
Los colores de la tele en sus años de niña
la rebeldía de un pelo que al fin se cayó
la belleza de un niño ladrándole al cielo
el cariño a la bici que tanto te odió.
Las fotos de tus padres cuando eran chicos
ese parecido que siempre te persiguió
la juventud que se junta con el agua del río
el flash back en que la vida se nos presentó.
La tintura mordida de esas uñas seductoras
el toping enamorado que nunca se rindió
la energía de esos niños y sus besos lejanos
la perseverancia de un héroe que hace tanto murió.
Lo asesino de una palabra bien dicha
la agonía inequívoca del lápiz corrector
lo molesto de tu cama que fuese un guisante
el enojo con tu padre que allí lo escondió.
La alegría hipócrita de los vendedores
la mala enseñanza de algún educador
las costumbres arraigadas en lo oscuro de tus ojos
la comida que tu abuela siempre preparó.
Lo monocromático de las fronteras
el color que la niñés siempre nos pintó
el efecto del agua sobre las acuarelas
tu adolescencia marcada por días sin sol.
La efervescente felicidad de perderse en un sueño
el calor de estar vivo que te despertó
el negro amanecer de una tarde lluviosa
la gota de lluvia que a tus ojos contagió.
La paradójica felicidad de ser tan tristes
la sonrisa que vivía y por eso murió
tanta mentira que alguien debe cubrirla
el pan que te comes porque el trigo se secó.
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