en un intento de hacer algo por mí
sin más que resistir a las sensaciones
de la tortura china del vivir.
Y si intento huir, salir, ser otro
no me gusta el yo que deja el alcohol
demasiado yo, desencaja mi rostro
aquí hay mucho odio, mucho amor.
No quiero ser el mármol brillante
de la más lujosa suite presidencial
ni un adoquín desgastado y desgastante
de alguna concurrida calle central.
Me parece rutinaria la óptica de los espejos
ya no me reconozco a mi mismo
pero no es la luz, lo oscuro ni el reflejo
simplemente me aburre tanto realismo.
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