Tuvimos un noviazgo pecaminoso
de esos que prohíben las religiones
dulce, en celo, fuerte y furioso
habitante del templo de las pasiones.
Tuvimos un amor de todo por el todo
de ti, de mí y de la nada y la calma
de dos cuerpos juntos hasta el último recodo
y el mundo detenido mientras se tocan dos almas.
Fuiste el fuego de todas las estrellas
que arden en el cielo perfecto para huir
fuiste la lluvia, los truenos y las centellas
de todas las tardes hechas para dormir.
Tu cintura estrecha como un oscuro callejón sin salida
donde el corazón tiembla y azota un escalofrío
y tus hoyuelos tallados por un par de balas perdidas
aún me provocan eso de caer al vacío
Le dejaré al tiempo lo de regresarte a mí
llegará la mañana que te encuentre a mi lado
que hablen los demás sobre cómo te perdí
igual soñamos juntos aún durmiendo separados.
Tuvimos un noviazgo de esos de reino lejano
el plebeyo, la magia y, más aún, la princesa
porque te llevaba por bosques paradisiacos de la mano
y teníamos una felicidad tan infinita como tu belleza.
Y volverás estrella fugaz a cumplir mis deseos
porque el amor también se vale de coincidencias
y si bien al final fue un amor de amante y reo
escaparé, o me reducirán por locura la sentencia.
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