Llevabas un lindo vestidito de esos
que elevan la temperatura alrededor,
tu boca desencadenaba guerras y excesos,
sonrojos, infartos y males de amor.
Yo quería
intentar un asalto
Y robar del paraíso la manzana,
porque no existe precio alto
para pecados cometidos en tu cama.
Porque simplemente perderse en tus ojos
es toda una experiencia erótica
la envidia de los barrios más rojos
y de las drogas más exóticas.
Tus labios debían saber a cereza
probablemente tu lengua sabía igual
pero tu ropa interior, con certeza
era una mezcla de bien y de mal.